Érase una vez...un pueblo honrado y trabajador, hundido en el fango del capitalismo exacerbado, cansado de ser manipulado por cuatro con dinero, que se creían que todo lo podrían y no obtendrían respuesta a su ofensiva, siempre y cuando no les quitaran la zanahoria al burro. Pero el burro era consciente de que la zanahoria era, cada vez, más pequeña. Y harto de tirar paró, y quiso el saco entero de zanahorias y poder coger las que quisiese del campo.
Érase una vez...un gobierno que no gobierna, una oposición con síndrome de mosca cojonera, y que se postulan como lo malo conocido, y a lo único sensato a lo que poder votar. Cuando sus promesas valen menos que el papel en las que han sido impresas, cuando son claro ejemplo de que siempre se pueden hacer las cosas peor, y a los que la justicia limpia sus zapatos con la venda de sus ojos.
Érase una vez...una juventud que no quiere tragar, ninguneada hasta por sus propios progenitores, y a la que todo el mundo consideraba como dormida, hundida y sin futuro. Una juventud que está demostrando que no tiene nada que envidiar a nadie, que son capaces de organizarse y de luchar sin violencia, con propuestas, sin rendirse y con las cosas claras.
Érase una vez...unos pueblos alejados de la mano de Alá, a los que todo el mundo consideraba como sumisos e ignorantes, que demostraron a todos los países autollamados "civilizados" que ellos eran más libres, porque aún teniéndolo más difícil eran capaces de cosas increíbles, de echar a sus líderes, de no hundirse y de servir de ejemplo.
Érase una vez...un mundo abocado al precipicio, empujado por aquellos a los que les interesa que caiga, y no se levante. Y que, sin que nadie lo esperase, han cambiado las tornas, y los que antes empujaban ahora se ven al borde de esa gran fosa. Pero todavía no han caído, pesan demasiado para poder tirarlos. Aunque poco les quedaba, cada vez empujaban más y más personas.
Y lo mejor de todo, es que todo esto no es un cuento, sino que está pasando ahora mismo. Lo que parecía que nunca pasaría, está pasando.
El cambio es posible, desde el primer momento en el que comenzamos a luchar por lo que queremos.


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